¿Por qué se producen los abortos espontáneos?

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Las causas de los abortos espontáneos todavía es un tema que la Ginecología no termina de estudiar. Estudios han demostrado que hasta el 50% de todos los embarazos terminan en abortos y que la mayoría de las veces pasan desapercibidos por la mujer, ya que ni siquiera alcanza a saber que estuviera embarazada. Esto ocurre porque los óvulos fertilizados se pierden durante el proceso de implantación, lo que calza con la llegada del periodo de la mujer.

Existen diferentes tipos de abortos espontáneos. Los precoces suceden antes de las 12 semanas de gestación, la mayoría de los casos pasa en este periodo. Los tardíos ocurren después de las 12 semanas. Por otro lado, los síntomas más comunes que indican a la mujer la posible presencia de un aborto espontáneo son: sangrado vaginal, dolor abdominal intenso. Otras veces las señales son la ausencia de las molestias del embarazo, por ejemplo la desaparición de las náuseas, o ya no sentir dolor en las mamas, entre otros síntomas.

¿Qué provoca un aborto espontáneo?

La mayoría de los abortos espontáneos suceden por anormalidades cromosómicas en el nuevo bebé. Los cromosomas son las estructuras que cargan la información genética, cuando estos fallan se interrumpe el desarrollo del embrión, provocando el aborto, estas anomalías suceden completamente al azar, no tienen nada que ver con la herencia de la madre o del padre.

Existen también otros factores que explican este fenómeno que no tiene una sola razón conocida, entre ellas.

Un aborto espontáneo es una amenaza que, dependiendo de cada mujer, puede producirse durante el embarazo. Si bien se presentan por causas no premeditadas, lo cierto es que puede ser complejo prevenirlo. A pesar de ello, sí se pueden minimizar los riesgos de que suceda poniendo atención a ciertos factores:
– Evitar el consumo de alcohol, tabaco o drogas o cualquier otro tipo de sustancia.
– Tener una dieta balanceada y rica en calcio, así como en ácido fólico.
– Hacer actividades físicas moderadas y cuidar el peso.
– Evadir consumir carnes, grasas, embutidos, así como mucha sal o azúcar.
– Lavar bien frutas y verduras antes de consumirlas
– Prescindir de ingerir medicamentos que no sean prescritos por un médico.
– Evitar la exposición a los rayos X y sustancias tóxicas.
– Lleva todos los controles prenatales y exponer al médico cualquier duda o inquietud.
– Presencia de infecciones como rubeóla, vaginosis bacteriana o enfermedades de transmisión sexual
– Exposición a factores medio ambientales como niveles inusuales de radiación o sustancias tóxicas
– Problemas hormonales o problemas a la tiroides
– Anomalías en el útero
– Obesidad
– Enfermedades cardíacas
– Malnutrición o anorexia

 

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